Con más de cuarenta años de vida política activa, el licenciado Danilo
Medina Sánchez se coronó el pasado jueves 16 de agosto como la personalidad
más importante de la vida nacional, al recibir la banda presidencial que
perteneció, los últimos ocho años, a su antiguo aliado político, y –más
recientemente- contendor: Leonel Fernández Reyna.
El que gana es el que goza, y eso quedó evidenciado este jueves. Aunque
el ex presidente de igual manera ganó, a través de su partido y de una
difusa garantía de quietud judicial y política
Danilo Medina llegó puntual, a las 10:00 de la mañana, a la Asamblea
Nacional, acompañado de su esposa, Cándida Montilla, y sus tres hermosas
hijas, y tras algunos saludos, penetró al Congreso para entrar al
citado salón, en donde ya habían hecho acto de presencia casi todos los
convocados, excepto Jaime David Fernández Mirabal y Franklin Almeyda
Rancier -dos de los contendores derrotados en las primarias del PLD-.
Leonel Fernández llegó unos veinte minutos después, y recibió los
honores militares como Presidente.
A su lado su esposa, Margarita Cedeño, quien este jueves dejó de ser
Primera Dama para convertirse en Vicepresidenta de la República. Junto a
ellos también el vicepresidente y su esposa; César Pina Toribio, otro
que debía estar feliz, pues sería nombrado como consultor jurídico una
hora más tarde; el ministro Administrativo de la presidencia y el jefe
de las Fuerzas Armadas, quienes hasta el momento no han recibido premio
de consolación.
La Asamblea Nacional, para el traspaso de mando, inició como siempre, a
media mañana, mientras que todavía algunos inconvenientes de logística
con los representantes de los medios se suscitaban fuera del edificio
del Congreso. Sin embargo, tras las diligencias y las disculpas de
Rafael Ovalle, el grupo pudo entrar y con ello evitar el implacable sol
del verano en la explanada del Congreso.
El tiempo fue suficiente para escuchar la mitad restante del discurso
del Pared Pérez, especialmente aquella parte en la que se le endilga a
un muerto la felicidad de que gozan los vivos:
“…Profesor Juan Bosch, debes sentirte muy regocijado y henchido de
orgullo; observando extasiado la maravillosa cosecha de tu siembra;
emocionado hasta la sinrazón, ahí donde descansas, en el Salón de los
Inmortales, y ver cómo dos de tus más aventajados y excepcionales
discípulos, Leonel Fernández y Danilo Medina, se intercambiarán en
breves instantes, la banda presidencial de tu amada y querida patria…”.
Sin embargo, no era un intercambio, sino que el primero cedía al segundo
la banda presidencial, pero este jueves ningún peledeísta se atrevió a
herir la sensibilidad del monarca. Fue una “transición” sin muchos
“bombos y platillos”, de hecho, con alusiones a diferencias de tamaño
entre la silla que ocupó Danilo Medina este jueves y la que usó el ahora
ex presidente el 16 de agosto de 2008.
El discurso de Danilo Medina, de unas 27 páginas, estuvo repleto de
referencias al corazón, al amor, al paternalismo, a la rectitud, a la
justicia; pretendió dividir al país entre buenos y malos, como una vez
lo hizo su partido cuando dividió a los políticos entre corruptos y
honrados, y, por supuesto, los peledeístas –en ese momento- eran los
honrados.
“Yo, que siempre he sido un jefe de familia amantísimo, pero exigente,
seré un jefe de Estado firme, austero, pero amoroso. Amoroso con los
buenos, los honestos y los humildes. Implacable con los deshonestos, los
oportunistas y los soberbios”, dijo Medina, el padre, el juez, el
Kalimán de las dominicanas y los dominicanos.
El nuevo Presidente, muy habilidoso, no obvió reconocer el liderazgo de
su antecesor, un estratega político que ya se lanzó al ruedo de cara al
2016. También hizo referencia a Juan Bosch, aparentemente los únicos
líderes políticos dominicanos.
Las promesas fueron vastas, sectoriales, iban de arriba abajo y de un
lado para al otro, tocando sensibilidades; aunque algunos temas y
sectores quedaron fuera del discurso, como es la crisis económica que
afecta al país –de causas externas e internas-, es como si el Presidente
Medina se hubiese sentado sobre una caja fuerte a ofrecer lo que ocho
años atrás el cajón contenía, como si no hubiese sido saqueado.
Y al fin se produjo ese momento, y al fin terminó una prolongada etapa
de transición gubernamental llena de sobresaltos y chismes políticos:
Leonel entregó la banda tricolor o “ñoña” y abrazó a su correligionario
más aguerrido y luego a su hasta ese momento Primera Dama. Éste último
gesto arrancó una ovación en el salón destinado para los medios; el
morbo mueve a las masas. ¿Habrá sido real o fingido el abrazo? Se
preguntaban algunos, pero –en definitiva- gustó.
Los saludos finales no fueron excesivos. El vehículo del ex presidente
Fernández -un Lincoln Town Car negro- lo esperaba detrás, la
escolta hacía su trabajo para que la prensa no se le acercara ni pusiera
en riesgo su seguridad. También empleados de Palacio hacían las veces
de seguridad, de personal de protocolo. Así es el Estado dominicano,
lleno de duplicidades.
Al fin salió Leonel Fernández y abordó raudo el vehículo que lo
esperaba. Un hombre vestido de blanco, y que -al parecer- conoce sus
estados de ánimo, dijo: “Va molesto”. Detrás del ex presidente había
salido corriendo el Jay Payano, tal vez quería salir en las últimas
fotos del ex presidente. También iba detrás Luisín Mejía y Chío Jiménez,
todos, con rostro compungido, le hicieron entender al presidente
–mediante gestos y señales- que estaban con él. Se pusieron la mano en
el corazón, y se oyó decir a Chío: “Presidente, estoy con usted”.
El hijo del ex presidente, Omar Fernández, había abordado el mismo
vehículo que su padre, por lo que arrancó. Atrás, una Land Rover
Discovery 4, con algunas ocho personas a bordo. Se distinguían delante
Félix Bautista y otro funcionario en el asiento del lado del chofer,
detrás unos cinco o seis funcionarios, reminiscencia de tiempos malos,
pero lo seguro es que iban detrás para consolar el ego del Monarca.
Por la puerta delantera y principal del Congreso salió, más tarde,
Danilo Medina, feliz, sonriente, triunfante, seguido por un séquito de
hombres vestidos de blanco: los nuevos "pica-pica" de la política.
No sorprendió el exceso de vehículos de lujo en que se marchaban los
congresistas, dignatarios, diplomáticos y funcionarios asistentes. Sólo
cambia la marca, el modelo y el color, todos son de lujo y de alto
cilindraje, en una economía en crisis y con una factura petrolera que
para este año se estima en unos 4,700 millones de dólares.
Ya al final quedaban los remanentes de los invitados y una veintena de
"pica-pica" de a pie que hacían su agosto con los políticos. Como
colofón de la obra, salía del salón de la Asamblea Nacional el
presidente de Haití, Michel Martelly, entre pasos y brincos, y
“resguardado” por su seguridad, y unos pocos "pica-pica" de su propia
nacionalidad que entre peticiones le decían, entre otras cosas, que
baila muy bien.
“Presidente Martelly ¿hasta cuándo se mantendrá la prohibición de las
exportaciones de salami desde República Dominicana a Haití?” Fue la
pregunta de la periodista. A lo que el sonriente y vivaracho presidente
respondió: “No sé traducir salami”.